“Son cosas de niños.”
“Los golpes lo van a hacer fuerte.”
“Son bromas, al rato se reconcilian.”
“Así se llevan ahora.”

Mientras seguimos justificando y minimizando el acoso escolar, México ya registra 33 suicidios relacionados con bullying y ciberbullying en los primeros cinco meses de 2026. ¡Treinta y tres!

Pero todavía hay adultos que creen que el bullying es “parte de crecer”, que “así se llevan” o que ahora los adolescentes son una generación de cristal que “ya no aguantan nada”.

Claro. Porque despertarte todos los días sabiendo que alguien te humilla en la escuela, y también en el celular, seguramente es una etapa normal.

El problema es que el bullying ya no termina cuando salen de clases. Ahora sigue en grupos de WhatsApp, comentarios, capturas de pantalla, indirectas, memes, stickers y videos compartidos “de broma”.

Y no solamente persigue a los adolescentes en el celular; también los sigue en esos pensamientos que empiezan a crecer en silencio: “¿Por qué no soy suficiente para agradarles?”, “¿por qué todos encajan menos yo?”, “¿por qué no tengo lo que los demás sí tienen?”. Porque a veces el bullying también se mete en la manera en la que un adolescente empieza a mirarse a sí mismo: en la ansiedad, el insomnio, el miedo constante a hacer el ridículo y esa sensación de estar bajo observación todo el tiempo.

Y mientras eso pasa, seguimos esperando que “alguien haga algo” o cuestionándonos “¿en dónde estaba su mamá?”, comentando noticias desde la comodidad de nuestro sofá o cama, como si el problema estuviera lejísimos de nosotros, como si las madres tuvieran que cargar con todo.

Las estadísticas llevan tiempo gritándolo.

El 14 de mayo del 2026, medios españoles volvieron a hablar del tema tras el suicidio de una adolescente de 14 años que sufría bullying escolar y el 15 de mayo, en Ecuador, el bullying ya se relaciona con el 11% de los suicidios juveniles.

Y, aun así, muchas veces, cuando ocurre una tragedia, la conversación termina enfocándose en cualquier otra cosa menos en el daño que vivía la víctima.

Pasó recientemente, retomando el caso de Sandra Peña, una adolescente que se quitó la vida por bullying el 14 de octubre del año pasado. La semana pasada los encabezados amarillistas encontraron al culpable de su muerte: el alcohol. Las notas mencionan “La autopsia de Sandra Peña revela que bebió alcohol antes de suicidarse: «La ingesta se produjo en el colegio».” Palabras más, palabras menos. Porque parece que encontrar algo “cuestionable” en un adolescente siempre resulta más cómodo que aceptar que hay niñas, niños y jóvenes sintiéndose completamente solos mientras todos alrededor minimizan lo que viven.

Y no, esto no significa vivir aterrados ni pensar que cualquier cambio de humor es una tragedia, pero sí significa dejar de tratar al bullying y ciberbullying como drama adolescente.

Porque para las infancias y adolescencias, realmente está dejando de ser un juego, hoy representa humillación, vergüenza y hasta perder la vida.

  • Fuentes:
  • ONG Internacional Bullying Sin Fronteras (2026)
  • “El País”, “El Debate Andalucía”, “El Español”, “Telecinco” y otros periódicos (14 de mayo, 2026)
  • El Diario de Ecuador (15 de mayo, 2026)